Dentro de ese escenario, Vélez era apenas mejor, sobre todo por el manejo de Manuel Lanzini, el más claro con la pelota y el único que encontraba algunos espacios. Incluso había inquietado de tiro libre, aunque tampoco mucho más. El partido recién empezó a levantar sobre el final de la etapa y casi siempre por errores del Fortín: cada vez que perdía la pelota cerca de su arco, Boca aceleraba y llegaba al área con mucha gente.
Así aparecieron las mejores situaciones, casi todas de manera accidentada: un disparo de Tomás Belmonte desde el piso que Tomás Marchiori sacó con las piernas, un cabezazo en contra de Elías Gómez que obligó al arquero a reaccionar a puro reflejo y la más clara de todas, cuando Lautaro Blanco encontró a Belmonte dentro del área y el volante, con casi todo el arco a disposición, la tiró por arriba.Boca, al menos, terminó mejor el primer tiempo y salió al segundo con esa misma inercia. Se plantó en campo rival, empezó a ganar los rebotes y se mostró más armado y decidido. No generó chances demasiado claras, pero sí varias aproximaciones que llevaron cierto peligro, entre remates desde afuera y algunos borbollones dentro del área, con intentos que siempre encontraban una pierna de Vélez en el camino.







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